Mi aventura de ser docente
Partiendo de la concepción de Unamuno, nos hacer ubicar nuestra labor desde el plano humanista, nos da ese toque de realizar una actividad enriquecedora, única e irrepetible. El tener trato directo con los jóvenes quienes son las promesas del futuro, ser parte de esa transformación implica una loable pero responsable labor. De esa misma manera debemos considerar a nuestros alumnos, una prueba de que muchos docentes olvidan esa parte importante es que ni siquiera recordamos sus nombres, a veces hasta los identificamos con su número de lista. Uno de los principales problemas en que muchas veces incurrimos es que no tenemos la capacidad de reconocer nuestros errores y sobretodo reconsiderar para mejorar. No somos perfectos y estamos en constante perfeccionamiento. Ni los años ni los estudios nos van a hacer evitar que erremos en el camino; la mayoría de las veces los mismos alumnos nos reflejan el resultado de nuestro desempeño; ahí radica la importancia de valorar sus actitudes y desempeños.
Lo más difícil no es obligar a los alumnos a que realicen sus actividades por el simple hecho de acreditar una calificación, pues si de eso se trata no hay mejor forma que un examen, sino el enseñarles a pensar, no como si el docente fuera el poseedor del método infalible o irrebatible de hacerlo, sino como un proceso propio que puede llevarlos a comprender y a convencerse de ello. ¿Cuántas veces no nos hemos topado con el alumno que entiende de manera diferente los conceptos, pero que está inseguro de ello, porque no es “como lo enseñó el maestro”?. Estoy también convencido de que el proceso de enseñanza – aprendizaje es un acuerdo de voluntades, pues si no es tal, simplemente no se puede generar alguna forma de conocimiento, sería como hacer válida aquella frase que dice “Yo docente hago como que enseño y ellos, alumnos, hacen como que aprenden”.
José M. Esteve nos hace reflexionar en el hecho de que ser maestro es una aventura. Los primeros días frente a grupo en el que enfrenté el nerviosismo y la ansiedad de no saber si haría lo correcto la inseguridad acerca de la reacción con los muchachos, etc. Ya que todo inicio causa desconfianza, inseguridad, temor y tensión al estar ante un auditorio de estudiantes.
Antes de iniciar un tema los docentes deben hacerse la pregunta qué sentido tiene el contenido de la información para los estudiantes, para que les va a servir y cuál es su utilidad dentro de mundo que les rodea. Desde este sentido el proceso de enseñanza adquiere un encuentro de libertad de poder expresar en la clase un tema de interés común, que proponga un diálogo abierto entre docente y los alumnos.
José M. Esteve habla acerca de la rutina, en la cuál a veces los docentes nos vemos envueltos y es que a pesar que ya dominamos los temas y los hemos preparado siempre debemos de innovar para mejorar nuestro desempeño académico y hacer más atractiva y dinámica nuestra sesión de clase.
Por otra parte, los docentes que logran estar a gusto con su que hacer y encuentran lo positivo de su labor es porque aceptan que su trabajo está al servicio de los alumnos.
También Esteve menciona que para que exista disciplina el profesor debe definir funciones, discutir y negociar como se va a trabajar y evaluar, delimitar responsabilidades hasta que los alumnos trabajen con disposición y gusto y no imponer condiciones. De esta forma el entendimiento y la razón son las mejores armas para el éxito de proceso educativo.
Para mí el ser docente es un orgullo y una gran responsabilidad que me hace trabajar por el bienestar de los alumnos para prepararlos en los retos que tendrán que enfrentar a lo largo de su vida.
martes, 17 de noviembre de 2009
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